martes, 25 de julio de 2017

Jesús recomendó que el amor debe ser la piedra angular



Jesús recomendó que el amor debe ser la piedra angular de todas las construcciones. Lo consideró el mandamiento mayor y sintetizó toda la Ley y los profetas en el amor al Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. En esa instrucción de aspecto triple está presente la totalidad de las realizaciones humanas, las ambiciones y metas. El amor a Dios significa el respeto y la acción preservadora de la vida en sus más variadas expresiones, del cual el ser llega a formar parte, íntegramente de él, consciente del conjunto cósmico. La responsabilidad ante la Naturaleza, sin agredirla ni despreciarla, antes bien, colaborando para su desarrollo y armonía, expresa el amor que contribuye a la obra divina y rinde homenaje a su Autor.

El amor al prójimo es consecuencia de aquel que se profesa al Progenitor; muestra la fraternidad que debe unir a todos, por ser Sus hijos dilectos que marchan de regreso a Su seno. Sin este sentimiento hacia su hermano, el ser se desorienta en la soledad y se debilita, perdiendo entusiasmo por las actividades esclarecedoras.

El amor a sí mismo, sin la pasión ególatra, lo eleva a las cumbres de la plenitud, y lo auxilia en el desarrollo de los ignorados tesoros que en él yacen adormecidos. Ese amor se manifiesta como una forma de preservar y dignificar la existencia física, para ponerse en armonía con el conjunto general y convertirse en un polo de irradiación de alegría, paz y bienestar que a todos impregna.

Observa si te encuentras en la condición de quien cumple con la recomendación del Maestro. En esa síntesis perfecta dispones de todo lo necesario para tu actual existencia y la solución para todos tus problemas. Analiza con serenidad tu conducta en relación a Dios, al prójimo y a ti mismo. En caso de que te encuentres en falta con alguno de los postulados de la tríada superior, proponte corregir la deficiencia y modifica tu conducta en el sentido de la plenitud.

Descubrirás, por cierto, la necesidad de amar al Padre Celestial y al prójimo de acuerdo a tus posibilidades. No obstante, padeces restricciones o pasiones con relación a ti mismo. En ciertos períodos te detestas, mientras que en otros te justificas, confesándote víctima de los otros. Es necesario que te ames con rectitud. Dedícate a la meditación saludable en torno a tus deficiencias para corregirlas, y a tus valores para ampliarlos. Aplica en ti la severidad sin crueldad y el amor sin compasión, para colocarte en la ruta del equilibrio, del crecimiento.

Amarse es una manera de perfeccionarse en espíritu, en emoción y en cuerpo. Sin despreciar ningún componente del conjunto armonioso que eres, ámate, lucha con tenacidad para superarte cada día más, establece nuevas directrices y objetivos promisorios que alcanzarás si eres generoso, activo y perseverante en el bien, en relación a ti mismo.

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El amor divino me inunda de paz. Su presencia me conduce al prójimo, a quien comienzo a amar. Me descubro en falta con Dios y con mi hermano. Por último, me amo y me renuevo en plenitud, y me regocijo en el amor, meta esencial de la vida.

Espíritu :Joanna de Ángelis
Médium: Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Momentos de salud”   

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